Un Equipo
Ya se podía ver El Campamento. Se acercaba raudo y veloz y en breve llegaría a la colina, Ur se levantó apagó el fuego de su pequeña hoguera y levantó a los que aún seguían durmiendo.
- ¡Venga! ¡Venga! Ya se acerca la hora, arriba gandules
- Gritaba animado Ur al tiempo que soltaba unas cuantas patadas a los que
seguían durmiendo.
- Jajaja, déjalos, así tendremos más misiones para
nosotros, cuantos menos vayan menos problemas tendremos - propuso Ven entre los
gritos de dolor que soltaba alguno después de una buena patada de Ur.
Un cuerno anunció la llegada de uno de los transportes
del Campamento. Este era un águila con una especia de cabaña en su lomo El
cuerpo, sin contar las alas, era tan grande como la colina y sus garras como el
anciano árbol. Aterrizó en una esquina de la colina, y agachó el cuello. Tenía
cadenas por el pico, dos cadenas grandes en cada ala y varias en las patas. Daba
pena ver las heridas que se les tuvo que hacer al animal para clavar las cadenas
en sus músculos. En el cuello, una silla de montar llevaba al piloto del
águila.
- ¡¡Bienvenidos seáis al Gunghjar!!! ¡Este animal es
casi completamente inofensivo! No tengan miedo y empiecen a subir. Las plazas
en el Gunghjar son limitadas así que o subís ahora o tenéis que esperar al
próximo transporte por tierra que llegará en medio día – anunció uno de los
hombres que bajaron del águila.
Los cazadores que había llegado durante la noche se
apiñaban ahora entre las cuerdas que colgaban de la cabaña a modo de escaleras,
abajo habían bajado unos encargados que revisaban y contaban cuantos subían
además de pedir el Rango y el nombre.
- No vamos a poder subir, hay demasiada gente - dijo Irune.
- ¿Qué? ¿Y vamos a tener que esperar medio día más? –
se quejó Hipo.
- ¡De eso nada! ¡Vamos a subir todos ahora mismo! -
dijo Ur.
El cazador se acercó a uno de los encargados y le
susurró algo al oído, después le enseñó un papel que rápidamente recogió el
encargado. En unas milésimas de segundos el encargado cerró la cuenta de
cazadores e hizo una señal al grupo de novatos que conocían a Ur, incluyendo a
Ven.
- Ha habido unos pequeños cambios, a partir de ahora
solo podrán entrar en el Gunghjar aquellos cazadores que tengan Pase y sus
acompañantes, claramente por un módico precio - pronunció uno de los
encargados.
Un revuelo enorme recorrió el campamento, algunos
corrían a buscar Pases que tenían desperdigados entre su equipaje, otros
gritaban y maldecían la nueva norma y otros intentaban subastar sus Pases con
pujas que sobrepasaban los 50.000 Yigas.
Ven insultó al que tenía más cerca y se pavoneó de
poder pasar antes que él, después corrió junto a su grupo sonriendo.
- ¡Bien hecho viejo! - dijo Ven dándole una palmadita
en el hombro.
- Puedo ser mayor que tu pero no me llames viejo.
- Como mandes viejo… jejeje – rió con sarcasmo Ven.
Ur mandó una mirada amenazante a Ven pero el
encapuchado ni se inmutó.
- Muy bien señor… Ur Fitforgh Hijo de Flavio - dijo el
encargado con el que el cazador habló antes, mientras veía su identificación
con unas lentes minúsculas - en total sois… 2... 5... 7… ¡7! vaya cantidad de
acompañantes por tantos debe pagar un extra jijiji - dijo entre risas
extendiendo la mano.
- Pienso que este negocio debe de ser muy rentable para
vosotros ¿No? - dijo Ur al tiempo que le daba una bolsita llena de Yigas.
- No diga eso Señor Ur, es un precio justo por cada
pasajero. A más pasajeros más dinero a pagar, es ley de vida si no… ¿que
comemos los Llaneros?
- Mmm… ¡Vamos, vamos! ¡Solo les falta que también me
cobren por el tiempo que estemos parados! ¡Rápido u os quedáis aquí! - Amenazó Ur
mientras subía a pulso por una de las cuerdas colgantes.
El grupo subió para cuando el inmenso pájaro graznó. El
conductor del animal le dio una patada en el cuello. El coloso despegó las alas
y pegó un salto inicial que le ayudaría a despegar después. Con un golpe de sus
inmensas alas, se elevó varias decenas de metros y desde ahí guardó sus patas e
inclinó la cabeza hacia abajo. Cayó en picado unos metros para empezar a
planear más suavemente con un ritmo constante entre batir y batir. En el
espinazo del animal descansaba la cabina que tenía forma de casa. Por fuera
parecía mucho más pequeña pero por dentro, cabían perfectamente los 38
cazadores y quedaba todavía mucho espacio para los encargados y otro personal.
La sala principal contaba con tapices que tapaban las
paredes e aislaban del viento, había cuatro huecos que servían de puertas que
al igual que las paredes se cubrían con más tapices corredizos.
Las dos puertas laterales eran las que daban a las alas
y por las que se subían a los cazadores cuando las alas se plegaban y se
soltaban las cuerdas. La puerta delantera es la que usaba exclusivamente el
personal y el conductor ya que daba a la cabeza y cuello del Gunghjar y la
última puerta daba a la cola.
En la habitación había varias sillas clavadas en el
suelo para que no se movieran con los movimientos del animal y tres sofás
también sujetos.
Uno de los sofás, el más cómoda y grande, lo ocupaba
todo Ven que nada más entrar se tiró encima de él. Alrededor estaba en grupo
que había dado Ur como acompañantes; Hipo, Irune, Mafi, Damos y Saraf, el grupo
se formaba por los cinco jóvenes, Ven y como Jefe de grupo; Ur.
- Me estoy mareando - dijo Saraf apoyándose en el sofá
con un tono amarillento en sus mejillas.
- No te quejes y aguanta como un hombre - protestó Damos.
Ur se reía muchas veces de las maneras y conversaciones
que tenían los jóvenes al intentar parecer adultos, cosa que no eran ni por
asomo. El cazador sentía algo de pena solo de pensar que los jóvenes querían ya
ser mayores. Aún les quedaba mucho por vivir y más por aprender para ser
adultos.
- Eso lo dices tu, pero por que tu no comiste nada
anoche y yo si - reprochó Saraf.
- ¡Por que yo puedo aguantar sin comer días! Y no me
ocurre nada pero tu en cambio, no paras de comer, no me explico como estás tan
delgado - dijo Damos rascándose la cabeza poniendo cara de pensativo.
- ¡Dejadlo ya! ¡Parecéis niños pequeños! - gritó
enfadada Irune.
- ¡Hey! ¡¿Y que tiene de malo ser pequeño?! - intervino
Hipo.
Ur se reirá por lo bajo observando como Hipo se metía
en cualquier conversación siempre que podía y gracias a él, la discusión
terminaba en pocos minutos para dar paso a una conversación amistosa.
Mientras Irune e Hipo discutían sobre las ventajas y
desventajas de ser pequeño. Llegó uno de los encargados, no era humano así que
costaba entenderle ya que no pronunciaba la R y la
C las pronunciaba como una Z.
- En breves minutos llegaremos a la muralla, prepárense
para saltar, recuerden que nosotros no nos hacemos cargo de ninguna pérdida
material o viva. Mucha suerte y asegúrense de saltar en el momento apropiado y
con las cuerdas bien aseguradas. Gracias por elegir nuestro servicio y si
sobreviven, por favor vuelvan con nosotros, Gracias a todos - Les dijo el
encargado a los cazadores, o eso fue lo que entendió Ur entre el acento del
encargado.
- ¿Qué? ¿Saltar? ¿A dónde? - preguntó nervioso Saraf
que era lo único que había entendido.
- Tranquilo, esto lo hice una vez y como podéis ver, aún
sigo vivo, no es tan difícil - dijo Ur sonriendo.
Ur se colocó una especie de cinturón que se hallaba
encima de una mesa junto con otros. Tenía un enganche en la parte izquierda de
cuero que daba a una larga cadena acabada en un gancho de tres puntas curvadas.
Ur ayudó a colocarse los arneses a los chicos, Ven ya
había saltado antes de que Ur le pudiera decir nada.
- Esperemos a que pase un rato, los demás cazadores
saltarán y así os puedo explicar más cómodamente como hacer ¿Si? - Explicó Ur.
Los acompañantes del grupo asintieron y esperaron de
pie mirando como poco a poco todos los cazadores se marchaban a través de la
puerta que daba ala cola del Gunghjar.
- Bien, escuchadme atentamente, muy atentamente ¿De
acuerdo? Lo primero es ponerse el arnés, que te apriete la cintura con mucha
fuerza sino te aprieta con mucha fuerza puede o soltarse o funcionar como una
horca y ser fatal, apretáoslo, ¿lo tenéis? vale, ahora, debéis coger el gancho
con la mano derecha y el resto de la cuerda con la mano derecha, muy bien,
ahora venid conmigo - Explicaba Ur paso a paso.
Ur y sus seis acompañantes le siguieron y atravesaron
el tapiz que daba a la cola del animal, desde allí la vista era muy impactante.
Se veían pasar los grandes cuernos de hueso de la ciudad de Men-Shomn a una
velocidad estremecedora. La mayoría de los cuernos eran más altos que incluso
la altura de vuelo del Gunghjar.
- ¿Veis los cuernos? Debéis lanzar vuestro gancho en su
dirección. Si lo hacéis bien, el gancho se aferrará al hueso y os dará un
tirón. Después debéis dejaros que la cadena os enrosque alrededor del cuerno
para parar suavemente, después soltáis el cinturón porque quedaréis a unos
escasos metros del suelo ¿si?
- ¡El suelo es de roca! – avisó Saraf mirando el
pavimento de la ciudad.
- Si, pero en la base de los cuernos hay montones de
arena para parar la caída, solo os magullareis como mucho.
- ¿Y si saltamos mal? - preguntó Hipo.
- No voy a dejar que os salga mal - dijo Ur sonriendo.
El primer valiente fue Damos que esperó a su segunda
oportunidad para lanzar el gancho, dio en la diana, y el joven saltó de la cola
impulsado por la resistencia de la cadena, el resto del grupo se quedó mirando
para ver que pasaba, el joven cazador dio tres vueltas al cuerno para luego
chocar con la pared del hueso, en ese instante soltó el cinturón y cayó entre
la arena, después fue Saraf y Irune
- Ahora tu Mafi - dijo Ur señalando hacia el vacío.
- Si - dijo decidida la joven.
Mafi lanzó el gancho pero por una ráfaga repentina de
viento, el gancho no logró clavarse en el hueso, volvió a intentarlo pero
tampoco fue bien. Al tercer intento, el gancho se agarró pero la cadena rompió,
Ur se indignó con la calidad de los objetos del viaje así que volvió a pedir
más, Ur regresó en unos segundos diciendo que no había más que esos.
- ¿Entonces como vamos a hacer? ¿Tengo que quedarme
aquí? - preguntó Mafi.
- No, coge mi cinto, ya me las arreglaré yo para
saltar.
- ¡No voy a dejarte sin cinto! ¡Prefiero no saltar! -
protesto la cazadora.
Después de una discusión, Ur consiguió que Mafi se colocase
el cinturón. Esta vez Mafi saltó. Solo quedaban Hipo y Ur y un solo gancho.
- Hipo, vete tu, yo volveré ¿si? - dijo Ur sonriendo.
- De eso nada, si no fuera por ti, yo no estaría aquí,
así que no voy sin ti.
- Hipo… - dijo Ur apenado sonriendo por la amabilidad
del pequeño.
- Ya sé, saltemos los dos ¿vale? - propuso Hipo.
- El cinturón no lo aguantará… - replicó Ur negando con
la cabeza.
- Y tú como lo sabes si no lo intentas, ¿Acaso saltaste
en otra ocasión con otro Hipo en otro pájaro “volante” y en otra situación
igual para saber que no va a aguantar? - dijo Hipo, contento por la frase que
dijo ya que según él parecía de sabio.
Ur sonrió y asintió.
- Vale, saltemos pero antes, te diré una cosa - dijo Ur
mirando al pequeño al tiempo que agitaba el gancho en círculos para arrojarlo
con más fuerza.
- Dime.
- Es un pájaro volador no “volante” - rió Ur al tiempo
que saltaba con su compañero impulsados por la cadena.
La cadena de metal enmohecido hizo bien su función cuando tenía que empujar
al propietario del cinturón al vacío, pero su tarea de aguantarlo hasta que su
propietario se soltase no la cumplió con creces.
Ur sonrió cuando el gancho se clavó en el hueso,
saltaron y el aire le hundió los oídos. Vieron todo borrosos por unos instantes
y después que todo se inclinaba. La visión les proporcionó la información de
que se acercaban a la columna de hueso y giraban y volvían a ver los mismo
borrones que hace unos segundos, pero entonces Ur escuchó un crujir y pudo ver
con dificultas que la cadena empezaba a romperse por uno de sus anillos.
A abrirse poco a poco, entonces apretó a Hipo para tenerlo
agarrado cuando cayesen. La cadena rompió y como una honda salieron disparados
hacia las calles de la ciudad. El crujir que sintió Ur en todo su cuerpo le
aterrorizó por unos instantes hasta que los gritos de un tendero le sacaron del
trance…
- ¡¿Pero que habéis hecho?! - gritó el tendero
enfurecido – ¡Sinvergüenzas!
Ur comprendió que el crujir no fueron sus huesos
precisamente sino las múltiples frutas que reventaron bajo el impacto de Ur y Hipo.
Después de levantarse, Ur volvió a sacar aquella bolsita que había sacado en
múltiples y diversas ocasiones aquel día donde guardaba los Yigas. Después de
darle la mitad de lo que le quedaba al tendero, Ur miró apenado la bolsita,
recordándola cuando salió de su casa ya que estaba llena hasta los topes y
ahora solo tenía unas decenas de monedas.
- No ha estado mal ¿Y ahora? - preguntó Hipo quitándose
el jugo de sandía de sus pantalones.
- A la taberna, allí es donde habíamos quedado, y donde
están todos los cazadores.
- Aquí debe de haber mogollón de tabernas – dijo Hipo
mirando a su alrededor la gran cantidad de hombres sentados en sillas de
diversas casas abiertas al publico bebiendo jarras de cerveza.
- Si, millares, por eso Men-Shomn se divide en sectores
más pequeños, nosotros quedamos con los chicos en el sector 4, al Norte de
aquí. Es la conocida como la Ciudad Cuatro.
Allí solo hay una taberna a diferencia de aquí.
- ¡Bien! - dijo Hipo entusiasmado de comentar su aventura
con sus amigos.
Ur y el chico avanzaron despacio por la ciudad, mirando
los comercios, las armaduras que se subastaban en plena calle, los múltiples
cazadores y cazadoras que caminaban, cada uno con un arma diferente o una ropa
diferente, las diferentes razas de caminantes que vendían sus objetos mientras
regateaban, también había quien cobraba por crear pócimas que curaban las
heridas en poco tiempo.
Los objetos eran variadísimos y de todo tipo y también
a todo tipo de precio, Los dos amigos pasaron cerca de un comercio a rebosar de
gente entonces Ur se paró e hizo un gesto a Hipo para que se acercase con él.
Los gritos de la masa de cazadores hacia imposible oír
nada, el gerente del establecimiento subastaba una pócima que provocaba que los
músculos del cuerpo se excitasen durante una hora entera, provocando a su
usuario poseer una fuerza sobrehumana durante ese tiempo.
- ¡Venga! El cazador rubio me ha apostado 50.000 Yigas
¿quien me da más? – pujaba el gerente.
- ¡55.000 Yigas! - gritó un cazador.
- ¡Yo la necesito para cazar a un Goggon! 60.000 Yigas
- gritó otro.
- ¡63.000!
- Regálamela - dijo otro cazador que estaba justo al
lado del gerente.
Todos los de allí se echaron a reír, en un principio el
gerente también pero cuando miró a Ur, le extendió la mano, Ur la cogió y se la
guardó en la bolsa ante la mirada atónita de los demás pujantes, en breves
instantes la puja empezó alrededor de Ur que le preguntaban que precio pedía
por ella, Ur hizo un gesto al gerente y este le abrió una puerta para que pasase
con Hipo, ya en el interior de la tienda, se calmó un poco el ambiente.
- Cuanto tiempo Ur - dijo el gerente abrazando al
cazador.
- Mucho, la ultima vez fue en Alakia ¿si? - dijo Ur.
- Si, cuando me salvaste de ese asaltante, jajaja aún
recuerdo como se acercaba a mi ese mal nacido, yo tirado en el suelo sin armas
y con una pierna rota y tu viniste y le reventaste la cabeza de cuajo jajaja.
Ur y el tendero rieron juntos.
- ¿Quién es el pequeño? - preguntó el tendero.
- Soy Wero pero me llaman Hipo, y estoy acompañando a Ur
- contestó feliz.
- Jajaja muy bien hijo, pues mientras sigas con Ur,
dudo que te ocurra nada malo jajaja, encantado Hipo, yo soy Malí y estoy a
vuestro humilde servicio, vuestros deseos son ordenes - contestó dando una
inclinación.
- Déjate de chorradas, no vengo a pedirte nada del otro
mundo.
- Me acabas de pedir una pócima que podría tener un
precio de casi 70.000 Yigas, eso querido amigo, se puede considerar de otro
mundo.
Ur sacó la pócima de la bolsa y se la lanzó a Malí que
la cogió al vuelo.
- Te diría que te la quedases pero me lamentaría
eternamente si dijeras que si, compréndelo - dijo Malí.
- Tranquilo, es tuya, tú la ganaste. Tú haces lo que
quieras, además no quiero que me vendas drogas para los músculos ni nada de
eso, quiero cosas normales por dinero.
- Has usado la palabra que más me gusta jejeje - sonrió
Malí.
- Atento, te pagaré la mitad de todo y la otra mitad…
lo pago con la vida que te salve en Alakia ¿entendido?
- jejeje dudo que mi vida valga tanto - intentó
regatear Malí.
- No me tientes Malí.
- De acuerdo, mitad y mitad vale ¿qué necesitas?
- Necesito; pócimas para heridas, vendas, trampas,
raciones de viaje, hierbas curativas, flechas, antídotos para veneno, dos botes
de suero, cinco antorchas y siete cajas de suministros de tamaño mediano ¡ah! y
mapas de las regiones; Alakia, Jungla de Agua, Desierto de Ruth, Volcán negro y
la Isla Cambiante
¿lo tienes todo? - preguntó Ur mientras miraba como Malí rebuscaba en la
tienda.
En pocos minutos Malí apreció con todos los objetos y
entre los tres metieron ordenadamente los objetos en las siete cajas de
suministros.
- ¿Algo más? - preguntó Malí.
- Si, llévalo a la Ciudad 4 a la taberna a nombre de Ur Fitforgh.
- Muy bien, en total son unos 140.000 Yigas.
- ¡¿Qué?! ¡¿Tanto?! ¡Antes no era tan caro!
- Los tiempos cambian amigo mío - dijo Malí sonriendo.
- Por lo menos descuéntame el favor que te hice ¿no?
- Ya lo hice.
Ur apretó los puños ya que sabía perfectamente que no
le había descontado nada. Más bien dudaba que le hubiera aumentado más el
precio.
- Así es como me pagas que te hubiera salvado la vida,
ahora me doy cuenta de que jamás debí haber hecho eso.
- Pero ya lo hiciste ¿Que vas a hacer ahora? Te conozco
Ur y no matarías ni a una mosca, eres incapaz JAJAJA - rió Malí.
Ur sonrió y le dijo.
- Es cierto, no soy capaz de matarte con mi propias
fuerzas, toma tu dinero Malí - dijo Ur dándole la bolsita del dinero - es todo
lo que tengo.
- Lo contare por si falta algo – dijo Malí sonriendo
mientras hacía un gesto a uno de sus criados.
El esclavo humano agarró todo lo del pedido y salió de
la tienda por una puerta trasera.
- Dudo que falte nada pero solo quiero saber una cosa
más ¿Nuestro pedido está en camino? – preguntó Ur mirando salir al esclavo.
- Si, está en camino - dijo Malí contando las monedas.
- Perfecto.
Ur puso su mano en el hombro de Hipo y juntos salieron
de la tienda.
En la calle rodearon la tienda y fueron por la parte de
atrás donde había una pequeño saliente del piso superior apoyado por una viga
grande. No había nadie en aquel patio trasero.
El cazador se acercó a la viga, dejando atrás Hipo, abrió las piernas y las incrustó en el
suelo, giró su cadera hacia la derecha y pasó el brazo derecho por detrás del
hombro, agarró la empuñadura de su arma e inclinó su cuerpo hacia la derecha,
sacó su espada y sin detenerla, la movió con solo la mano derecha haciendo una
parábola y rompiendo la viga.
Ágilmente Ur dio un salto atrás mirando como la mitad
de la tienda y vivienda de su querido “amigo” se venía abajo. Primero el lado
donde estaba Ur y después la parte de la viviendo donde estaba el mostrador de
la tienda.
Con un gran estruendo seco todo quedó en escombros. Los
cazadores de las cercanías salieron corriendo para que no les ocurriera nada, Ur
volvió junto a Hipo.
- ¿Ese hombre es malo? - preguntó Hipo.
- No, ya no… tanto quería su dinero, pues ahora que
duerma entre todas sus valiosas cosas, seguro que será muy feliz - dijo Ur
apretando los dientes.
- Mmm…
Los dos amigos siguieron avanzando, poco a poco dejaron
de escuchar los ruidos que hacia la gente acumulada junto al desplome.
Ur observó como poco a poco las extensas calles iban
reduciendo considerablemente su tamaño hasta quedar reducidas a la mitad de las
calles principales. Las tiendas sufrían lo mismo que los caminos y la cantidad
de cazadores y caminantes menguaba poco a poco.
De grandes comercios a pequeñas tiendas de un solo
propietario. De enormes edificios de subastas a pequeñas casas y algún que otro
hostal.
La pareja observaba cómo cambiaba el terreno hasta un
cruce de caminos donde un pequeño poste indicaba la dirección de las variadas
calzadas. A los pies de este se hallaba una tela roja que envolvía un bulto de
extraño tamaño. Se acercaron.
- Gusta chera gojko murfagas ed unhas ¿Iha? - preguntó Ur.
- Sed gustachera gixfar
tustara - respondió la tela mientras se
levantaba enseñando a la pareja que era un extranjero de las zonas boscosas.
El individuo se enderezó y echo su capa hacia atrás. Su
piel era de un tono verdoso, y sus músculos sobresalían por encima de la piel y
que deformaban la cara. Haciendo que los humanos los llamasen feos o amorfos.
El ser, de una altura descomunal, extendió la mano a Ur que se la estrechó
gustoso y después a Hipo que se negó a tocarla.
- ¡Hipo, más respecto! – exigió Ur.
- No voy a tocar esa mano ¡Es verde!
- ¡Hipo! – se quejó el cazador.
- ¡Que no! ¡Qué asco!
Por suerte el extranjero se lo tomó a broma y no
insistió más.
- ¿Gutachera kio caman?
- preguntó el extranjero en su idioma natal.
- La cuarta ciudad, si es tan amable - contestó Ur.
- Jika - dijo el
extranjero señalando hacia uno de los caminos.
- Es por allí a la cuarta ciudad - dijo Ur a Hipo.
Hipo y Ur se alejaron sin decir una palabra más. Mientras
avanzaban, Hipo iba de espaldas para observar como el coloso de la piel verde
se inclinaba y se rebujaba en su capa para quedar tan encogido que solo llegaba
a la altura de la cintura del joven. Mientras seguían avanzando, la duda llamó
a Hipo.
- Pero Ur si ya estaba el cartel ¿Por qué preguntaste?
- ¿Por que tengo que leer si puedo conseguirlo
hablando? Recuerda siempre que la palabra es más fuerte que el acero y que el
fuego, siempre… - se explicó Ur.
- Lo tendré en cuenta – dijo casi en un susurro Hipo.
Ur se paró en seco y levantó la vista.
Erfukio IIII Yukarta ed Ujna
Un enorme cartel se levantaba encima de un edificio con
forma de cúpula, Ur al igual que Hipo notaron un agradable olor a comida recién
cocinada; carne asada en su punto, pescado y otros platos que alimentaban de solo
olisquearlos.
El cazador y su joven amigo entraron por la puerta
principal que tenía grandes dimensiones. Pasaron un pequeño pasillo y llegaron
a una amplísima sala donde había una cantidad abrumadora de cazadores casi unos
50. La mayoría de ellos estaban en las mesas comiendo o bebiendo, otros
haciendo pulsos y juegos y el resto andando o buscando misiones.
Ur clavó su mirada en una mesa lejana donde se reunía
la mayor cantidad de gente y se acercaron allí, Hipo iba de la mano del
experimentado cazador. Quería siempre parecer un hombre fuerte y valiente pero
en este caso sin conocer a nadie en un lugar tan grande y con tanta gente tan
siniestra prefirió la tranquilizadora mano del cazador, al fin y al cabo,
todavía tenía nada más que diez otoños.
Entre el bullicio, Ur intentó oír la conversación.
- …
- Pero entonces ¿Es cierto que segaste con tu arma la
cabeza de un Goggon tu solo? - preguntó un cazador de la mesa.
- Tan cierto como que me llaman El Titán – contestó un
gran hombre en el centro del bullicio.
- ¿Tú nunca has usado otra arma? ¿Cómo conseguiste esa?
– le preguntó otro hombre.
- Eso es un secreto querido amigo - contestó Thar con
su imponente Voz
- Pero oí por ahí que antes nunca ibas solo a las
misiones - dijo un cazador anciano.
- ¿Qué? ¿Cómo sabes tú…? - preguntó el gigantesco
hombre empujando a un hombre que había a su lado para ver de dónde venía esa
voz.
El pobre hombre que recibió el golpe salió despedido
contra la espalda de un cazador lejano, mientras Thar y Ur se quedaban
mirándose. Thar y el cazador se dieron un abrazo amistoso, recordando los
gloriosos años atrás.
- Hipo, te presento a uno de mis compañeros de batalla,
Thar – lo presentó el cazador.
- Jajaja Hola pequeño - dijo el hombre revolviéndole el
cabello al joven.
- Ho-ho-hola-la - Hipo
no cabía en sí de felicidad.
Mientras el joven cazador se recreaba en su suerte de
haber conocido a un famosísimo cazador, Ur y Thar comenzaron a hablar.
- Venga vosotros largo, se acabó la fiesta. Fuera ¡YA!
- gritó Thar a todos los que estaban en la mesa.
En unos segundos solo quedaron los dos hombres y el
joven en aquella mesa.
- ¡HEY! Traigan cinco de vuestros mejores platos de
carne ¡YA! - gritó Thar a uno de los camareros.
En unos instantes trajeron cinco platos de carne
enormes, del tamaño del cuerpo de Hipo. Al joven cazador se le abrieron los
ojos como platos.
- Ahí tenéis. Uno para cada uno y estos tres para mi -
dijo Thar arrastrando uno de los platos para su lado.
- Jajaja tu reputación ha crecido como tu apetito ¿Si?
- rió Ur
- Bueno Ur, después de la comida vendrás conmigo ¿No? -
dijo Thar empezando a comer.
- ¿Ir? ¿A dónde? - preguntó Ur.
- ¿A dónde sino? A las Arenas, en media hora van a empezar
y la pieza clave de hoy es un Goggon ¡¿Y adivinas quien lo a capturado vivo?!
- Estoy seguro de que has sido tu pero…
- ¡Claro que he sido yo! Y tú me ayudaras a matarlo,
como en los viejos tiempos. Tu sagrado mandoble con mi iluminada hacha.
Sabiduría con juventud. Fuerza con agilidad ¿Qué me dices a eso Ur?
- Lo siento Thar pero he de rechazarlo… yo voy a…
- ¿Rechazarlo? ¿Rechazar una de mis propuestas? - dijo Thar,
dejando la comida a un lado.
- Thar, he acompañado a un pequeño grupo, les estoy
esperando aquí, voy a hacer alguna misión con ellos.
- Pero Ur ¿Que quieres? Ganar cinco millones de Yigas
por matar a un Goggon conmigo o ganar una mísera bolsa por completar una de
esas misiones de cobardes por ahí – dijo Thar golpeando con su puño la mesa.
Hipo se quedó mirando a Ur. Y el cazador le miró a él
contestando.
- Prefiero acompañar a mi grupo. Sea la misión del
Goggon o la misión de cobardes. Eso me da igual pero mi grupo aún no ha llegado
y sin ellos yo no hago nada – sentenció el cazador ante la sonrisa del joven.
- Jajaja Ur nunca cambiarás… pero escucha mí propuesta
¿vale? – dijo Thar cogiendo un muslo de pollo.
- Te escucho.
- Me ayudas a ganar al Goggon pero te quedas tú con
todo el dinero ¿Vale? Y entonces con ese dinero equipamos a tu grupo ¿Vale? Entonces
yo mismo os acompañare a vuestra misión. Venga Ur, en 20 minutos empezará la Arena … ¿Qué me dices
compañero?
- Me lo pensaré cuando lleguen todos – dijo Ur
cruzándose de brazos.
- Esperemos que lleguen pronto tus amiguitos - dijo Thar
entre dientes.
El imponente cazador seguía comiendo. Llevaba una
armadura completa de Goggon, que representaba sin duda alguna que su
especialidad en la caza era la de matar a ese ser colosal. El casco, de un
color dorado, tenía escamas a los lados y en el centro del casco, en el cuello,
los músculos del Goggon que eran de los más flexibles hacían una especie de
bufanda muy ceñida que protegía el cuello de golpes.
En el cuerpo seis gigantescas placas protegían el
costado y espalda del colosal cazador. Después una cantidad elevada de placas
de pequeño tamaño caían sujetadas por cadenas del cinturón, creando un tono
decorativo y también protector. Las piernas del mismo color que el casco con
dos placas a cada lado y también una larga central. El espacio de atrás de la
pierna se cubría solo con músculos y los zapatos también formados por placas
pequeñas.
La inmensa fortaleza forjada por los cadáveres de
Goggones era algo espectacular y tenebroso.
A la espalda el cazador llamado no sin errar, El Titán,
llevaba un hacha de doble filo de grandes dimensiones con un mango formado de
un material muy resistente. En el lado contrario dos filos enfrentados hacían
del hacha algo temible. Tan afilado que podía cortar simétricamente un mísero
cabello de pelo humano.
Cuando Ur ya iba por la mitad de su comida al igual que
Hipo y que Thar en su segundo plato. Llegó Irune, Saraf y Mafi. Iban juntos y
les fue muy fácil encontrar al trío de la mesa ya que nadie se atrevía a
molestar a Thar.
- Hola Ur - saludaron los tres al cazador.
- ¿Es este tu grupo? - preguntó Thar.
- ¡Oh! ¡¡No es posible!! ¡Usted es el grande y poderoso
Thar, La Novena
leyenda y El Titán del hacha! ¡Es usted una de las 10 leyendas! - se entusiasmó
Irune mirando con admiración al cazador.
- Jejeje si bueno pero puedes llamarme Thar solamente,
no me gusta mucho tanto adjetivo – habló el gigantesco hombre retomando su
comilona.
Irune se sentó cerca de Ur y en toda la comida no
separó la mirada del musculoso cazador.
Cuando a Thar solo le quedaba un poco de carne de su
último plato, llegaron Damos y Ven. Parecía que iban discutiendo.
- ¿Qué pasa? – preguntó Irune mirando a sus recién
llegados compañeros.
- Nada ¿Verdad? – dijo Ven mirando a Damos.
- Nada – contestó Damos después de un corto silencio.
Damos no dijo nada y se sentó con los otros. Ven no se
sentó.
- ¿Ya estáis todos? - preguntó Thar a Ur que ya había
terminado de comer.
- Si – contestó Ur.
- Bien. A ver chavales, escuchad. Ya sé que Ur es el
líder de vuestro grupo. Pues voy a hacer una lucha en la Arena y necesito que Ur me
ayude.
- ¿Entonces Ur ya no va a estar en nuestro grupo? -
preguntó Sharaf.
- No os voy a dejar pero voy a ayudar a Thar en una
lucha de la Arena ,
después volveré con vosotros y mientras, si queréis, podéis ver la lucha -
propuso Ur.
- Por mi vale, no me importa esperar un poco más - dijo
Mafi.
- Me gustaría mucho ver a Ur luchando - dijo Saraf
apoyado por Hipo
- Estoy de acuerdo, sería algo único ver luchar al
grandísimo Thar - dijo Irune.
- A mi no me importa - dijo Damos.
- Y tu Ven ¿no te importa? - preguntó Ur a Ven que
estaba a una amplia distancia del grupo.
- Yo tengo otras cosas más importantes que hacer, ya nos
veremos después de la Arena
– dijo el encapuchado alejándose de la mesa.
- ¡¡PERFECTO ENTONCES!! - dijo entusiasmado Thar
levantándose.
Thar agarró a Ur por el hombro y lo llevo a una de las
Tabernas donde se daban las misiones normales y para apuntarse en los combates
de la Arena que
debían de ser de un máximo de dos combatientes.
- ¡HEY! Dame el pase de Arena – exigió El Titán al
dependiente.
- Ruego que me diga su rango, arma y qué Arena desea
utilizar - dijo el encargado sin levantar la cabeza de su libro, dónde apuntaba
notas.
- ¡Levanta la cabeza hombre y mírame! ¡SOY THAR! -
pronunció dando un golpe sonoro en su placa del pectoral.
- Thar, empiezo a pensar que te lo tienes muy creído -
dijo Ur mirando a su irreconocible compañero de batalla, antes humilde.
- Tengo el mayor rango de todos y eso me permite entrar
en todas las misiones y en todas las Arenas, mi arma es un hacha y quiero el
pase para el Goggon.
- Muy bien, de uno o dos combatientes.
- Dos, claramente – dijo Thar meneando con su potente
brazo a su acompañante.
- Pero su compañero no tiene su mismo nivel, según esto
el señor Ur tienes solo el 5º rango y para la Arena del nivel del Goggon necesita un mínimo de
7, lo lamento pero no… - les informaba el gerente leyendo una lista de los
cazadores inscritos.
Ágilmente, Thar había sacado un billete de los grandes
y se lo estaba restregando en la cara al encargado, los ojos de este estaban
cerrados en la periferia del billete y a cada movimiento que hacia Thar con el
billete, el individuo lo repetía con los ojos…
- Es bonito ¿Eh? Es uno de los grandes, ni más ni menos
que 1 millón de Yigas, lo dejare aquí mismo, en tu mesa. Cerca del sello para
sellar mi pase. Dejare mi billete junto al pase de mi compañero que va a entrar
en la Arena -
dijo Thar dejando lentamente el billete.
En unas milésimas de segundo el dependiente de La Arena cogió el billete y
selló el pase permitiendo a Ur pasar a la Arena a pesar de ser de un rango no permitido.
- Me voy a meter en un gran lío Thar - dijo Ur.
- ¿Estas conmigo no? - Prepárate y lleva a tus pequeños
compañeros a las gradas. Yo tengo que prepararme. Toma, compra lo que te haga
falta. Sé que conoces a todos los animales y todos sus puntos débiles. Si tengo
que elegir a un compañero siempre voy a elegirte a ti - dijo Thar dándole una
bolsa de Yigas.
Ur explicó contra quien tenia que luchar en la Arena y después acompañó
rápidamente a su grupo a las gradas, pagó los mejores asientos con parte de la
bolsa de Thar y después se fue de las gradas contemplando la vista de La
Arena. El edificio era colosal. Era la
edificación más grande de Men-Shomn. Edificio que solo se comunica con las diez
primeras ciudades de la colosal ciudadela. Por este y no por otro motivo Ur
eligió la Ciudad
4 ya que sabía que daba a la
Arena , algo que proporciona grandes ingresos y que los
precios en tienda disminuyan considerablemente. Cuando se alejó de las gradas
fue a ver a una chica que estaba de dependienta en la zona de Traspasos.
- Perdone pero tendría que recibir un paquete a nombre
de Ur Fitforgh, ¿Lo tiene? - dijo Ur preocupado, mirando los grandes relojes de
cuerda que colgaban del despacho.
En unos minutos, empezaría la Arena.
- Si, aquí tiene todo ¿Le damos algo? – preguntó la
chica de la consigna.
- No, era solo para comprobarlo, gracias… pensándolo mejor,
déme las antorchas, todas y la trampa – pidió Ur.
- ¿Solo las antorchas y la trampa? – se extrañó la
chica.
- Si
- Aquí tiene, muchas gracias por utilizar nuestro
servicio, venga otro día- se despidió la joven mientras recibía una propina por
parte de Ur.
Ur colocó las ocho antorchas en su cinturón, tenía una
pinta ridícula con los ochos palos colgando del cinto pero a el no le afecto
mucho y corrió a una tienda cercana.
- Rápido necesito todo lo de esta lista - dijo Ur
dándole un papel.
En unos minutos el dependiente llegó con una gran bolsa
de objetos y se la entregó a Ur. Este colocó su nuevo equipaje a sus hombros y
lo sujetó con los enganches de su armadura.
Luego corrió a la parte trasera de la Arena donde dos guardias le
cerraron el paso. Ur le enseñó el pase de Arena y entró sin problemas. La
puerta llevaba a unas escaleras que bajaban unos cuantos metros y después se
abrían en una amplia sala, en la sala había unas cuatro parejas de cazadores y
en una de las puertas de la sala estaba Thar que le hizo un gesto con la mano. Ur
corrió a su lado.
Los dos se quedaron mirando la puerta mientras esta se
abría lentamente. Era de un tamaño gigantesco, dos veces el tamaño de Thar que
debía medir casi dos metros. Un pasillo negro se agrandaba hasta llegar a otra
puerta. El cazador y su amigo de batalla caminaron con paso lento. El pasillo empezaba
a agrandarse en altura y en anchura. El corredor debía medir solo unos quince
metros pero a Ur le parecieron kilómetros.
El cazador jamás había estado en la Arena de un rango tan
superior y las instalaciones cambiaban. El temor le nublaba el juicio. Una
palmada de Thar le devolvió a la realidad. El famoso cazador le estaba sonriendo
había apoyado su brazo en aquel hombro para afianzar a su amigo.
- Ya verás. Por que estuve tres meses intentando
capturarlo, este es mucho más grande que los Goggon normales, estate atento -
dijo Thar parándose al final del pasillo.
Otra puerta parecida a la primera en apariencia, pero
no en tamaño, ya que esta debía medir unos diez metros o incluso más cerraba el
corredor.
El portón dejó, nada más abrirse, pasar un rayo de luz
cegadora que impactó de lleno en los ojos de Ur. Por un momento el hombre
levantó el brazo para taparse la cara pero lo bajó cuando la puerta se abrió
dejando pasar una escena glorificante.
Un terreno arenoso blanco como las nubes de una arenilla
que reflecta al propio sol les daba la bienvenida. Era una de las mejores Arenas.
La única de Men-Shomn de tanto calibre, mejor dicho; La única Gran Arena del
mundo conocido y Ur se hallaba allí junto a su mejor amigo y compañero.
Junto a una leyenda. No se lo podía creer; estaba
dentro de un monumento. Ante las miradas y gritos que producían los millares de
personas de las gradas. Cuando fue a situar en los palcos a los chicos la Arena no le parecía tan
maravillosa pero desde abajo todo era muy diferente.
Una inmensa elipse bañada en un mar de arena blanca
daba un recibimiento a los dos cazadores. Incontables pilares de mármol nacían
en los límites de la elipse y apoyaban la muralla que cercaba la Arena y donde nacían las
inmensas gradas. Todo ello tapado por inmensas telas de seda de colores vivos
que resguardaban del viento las gradas como un magno toldo.
- Vamos, que te puede pillar la puerta cuando cierre,
más de uno perdió más de un brazo por quedarse tan pasmado como tu jajaja -
dijo Thar.
La puerta permaneció unos escasos minutos abierta de
par en par para después comenzar a cerrarse. Ur avanzó con su compañero
mientras buscaba con la vista a sus amigos de las gradas, sin éxito.
- Uno… Dos… Tres… Aquí viene - dijo el Titán contando
los avisos que se anunciaban con el rugir de varias decenas de cuernos.
- Estoy preparado, como en los viejos tiempos ¿Verdad Thar?
- dijo Ur mirando a su compañero.
Los dos cazadores avanzaron a un montículo en el centro
del terreno arenoso. Thar levantó el brazo señalando a una puerta, gemela a la
que les había permitido llegar a la Arena.
Los dos portones permitían la entrada de los cazadores y los
cazados, Ur rezaba para que ellos no fueran los ultimos…
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