domingo, 7 de junio de 2015

Capítulo 2 Un Equipo

Un Equipo

Ya se podía ver El Campamento. Se acercaba raudo y veloz y en breve llegaría a la colina, Ur se levantó apagó el fuego de su pequeña hoguera y levantó a los que aún seguían durmiendo.

- ¡Venga! ¡Venga! Ya se acerca la hora, arriba gandules - Gritaba animado Ur al tiempo que soltaba unas cuantas patadas a los que seguían durmiendo.
- Jajaja, déjalos, así tendremos más misiones para nosotros, cuantos menos vayan menos problemas tendremos - propuso Ven entre los gritos de dolor que soltaba alguno después de una buena patada de Ur.

Un cuerno anunció la llegada de uno de los transportes del Campamento. Este era un águila con una especia de cabaña en su lomo El cuerpo, sin contar las alas, era tan grande como la colina y sus garras como el anciano árbol. Aterrizó en una esquina de la colina, y agachó el cuello. Tenía cadenas por el pico, dos cadenas grandes en cada ala y varias en las patas. Daba pena ver las heridas que se les tuvo que hacer al animal para clavar las cadenas en sus músculos. En el cuello, una silla de montar llevaba al piloto del águila.

- ¡¡Bienvenidos seáis al Gunghjar!!! ¡Este animal es casi completamente inofensivo! No tengan miedo y empiecen a subir. Las plazas en el Gunghjar son limitadas así que o subís ahora o tenéis que esperar al próximo transporte por tierra que llegará en medio día – anunció uno de los hombres que bajaron del águila.

Los cazadores que había llegado durante la noche se apiñaban ahora entre las cuerdas que colgaban de la cabaña a modo de escaleras, abajo habían bajado unos encargados que revisaban y contaban cuantos subían además de pedir el Rango y el nombre.

- No vamos a poder subir, hay demasiada gente - dijo Irune.
- ¿Qué? ¿Y vamos a tener que esperar medio día más? – se quejó Hipo.
- ¡De eso nada! ¡Vamos a subir todos ahora mismo! - dijo Ur.

El cazador se acercó a uno de los encargados y le susurró algo al oído, después le enseñó un papel que rápidamente recogió el encargado. En unas milésimas de segundos el encargado cerró la cuenta de cazadores e hizo una señal al grupo de novatos que conocían a Ur, incluyendo a Ven.

- Ha habido unos pequeños cambios, a partir de ahora solo podrán entrar en el Gunghjar aquellos cazadores que tengan Pase y sus acompañantes, claramente por un módico precio - pronunció uno de los encargados.

Un revuelo enorme recorrió el campamento, algunos corrían a buscar Pases que tenían desperdigados entre su equipaje, otros gritaban y maldecían la nueva norma y otros intentaban subastar sus Pases con pujas que sobrepasaban los 50.000 Yigas.
Ven insultó al que tenía más cerca y se pavoneó de poder pasar antes que él, después corrió junto a su grupo sonriendo.

- ¡Bien hecho viejo! - dijo Ven dándole una palmadita en el hombro.
- Puedo ser mayor que tu pero no me llames viejo.
- Como mandes viejo… jejeje – rió con sarcasmo Ven.

Ur mandó una mirada amenazante a Ven pero el encapuchado ni se inmutó.

- Muy bien señor… Ur Fitforgh Hijo de Flavio - dijo el encargado con el que el cazador habló antes, mientras veía su identificación con unas lentes minúsculas - en total sois… 2... 5... 7… ¡7! vaya cantidad de acompañantes por tantos debe pagar un extra jijiji - dijo entre risas extendiendo la mano.
- Pienso que este negocio debe de ser muy rentable para vosotros ¿No? - dijo Ur al tiempo que le daba una bolsita llena de Yigas.
- No diga eso Señor Ur, es un precio justo por cada pasajero. A más pasajeros más dinero a pagar, es ley de vida si no… ¿que comemos los Llaneros?
- Mmm… ¡Vamos, vamos! ¡Solo les falta que también me cobren por el tiempo que estemos parados! ¡Rápido u os quedáis aquí! - Amenazó Ur mientras subía a pulso por una de las cuerdas colgantes.

El grupo subió para cuando el inmenso pájaro graznó. El conductor del animal le dio una patada en el cuello. El coloso despegó las alas y pegó un salto inicial que le ayudaría a despegar después. Con un golpe de sus inmensas alas, se elevó varias decenas de metros y desde ahí guardó sus patas e inclinó la cabeza hacia abajo. Cayó en picado unos metros para empezar a planear más suavemente con un ritmo constante entre batir y batir. En el espinazo del animal descansaba la cabina que tenía forma de casa. Por fuera parecía mucho más pequeña pero por dentro, cabían perfectamente los 38 cazadores y quedaba todavía mucho espacio para los encargados y otro personal.
La sala principal contaba con tapices que tapaban las paredes e aislaban del viento, había cuatro huecos que servían de puertas que al igual que las paredes se cubrían con más tapices corredizos.
Las dos puertas laterales eran las que daban a las alas y por las que se subían a los cazadores cuando las alas se plegaban y se soltaban las cuerdas. La puerta delantera es la que usaba exclusivamente el personal y el conductor ya que daba a la cabeza y cuello del Gunghjar y la última puerta daba a la cola.
En la habitación había varias sillas clavadas en el suelo para que no se movieran con los movimientos del animal y tres sofás también sujetos.
Uno de los sofás, el más cómoda y grande, lo ocupaba todo Ven que nada más entrar se tiró encima de él. Alrededor estaba en grupo que había dado Ur como acompañantes; Hipo, Irune, Mafi, Damos y Saraf, el grupo se formaba por los cinco jóvenes, Ven y como Jefe de grupo; Ur.

- Me estoy mareando - dijo Saraf apoyándose en el sofá con un tono amarillento en sus mejillas.
- No te quejes y aguanta como un hombre - protestó Damos.

Ur se reía muchas veces de las maneras y conversaciones que tenían los jóvenes al intentar parecer adultos, cosa que no eran ni por asomo. El cazador sentía algo de pena solo de pensar que los jóvenes querían ya ser mayores. Aún les quedaba mucho por vivir y más por aprender para ser adultos.

- Eso lo dices tu, pero por que tu no comiste nada anoche y yo si - reprochó Saraf.
- ¡Por que yo puedo aguantar sin comer días! Y no me ocurre nada pero tu en cambio, no paras de comer, no me explico como estás tan delgado - dijo Damos rascándose la cabeza poniendo cara de pensativo.
- ¡Dejadlo ya! ¡Parecéis niños pequeños! - gritó enfadada Irune.
- ¡Hey! ¡¿Y que tiene de malo ser pequeño?! - intervino Hipo.

Ur se reirá por lo bajo observando como Hipo se metía en cualquier conversación siempre que podía y gracias a él, la discusión terminaba en pocos minutos para dar paso a una conversación amistosa.
Mientras Irune e Hipo discutían sobre las ventajas y desventajas de ser pequeño. Llegó uno de los encargados, no era humano así que costaba entenderle ya que no pronunciaba la R y la C las pronunciaba como una Z.

- En breves minutos llegaremos a la muralla, prepárense para saltar, recuerden que nosotros no nos hacemos cargo de ninguna pérdida material o viva. Mucha suerte y asegúrense de saltar en el momento apropiado y con las cuerdas bien aseguradas. Gracias por elegir nuestro servicio y si sobreviven, por favor vuelvan con nosotros, Gracias a todos - Les dijo el encargado a los cazadores, o eso fue lo que entendió Ur entre el acento del encargado.

- ¿Qué? ¿Saltar? ¿A dónde? - preguntó nervioso Saraf que era lo único que había entendido.
- Tranquilo, esto lo hice una vez y como podéis ver, aún sigo vivo, no es tan difícil - dijo Ur sonriendo.

Ur se colocó una especie de cinturón que se hallaba encima de una mesa junto con otros. Tenía un enganche en la parte izquierda de cuero que daba a una larga cadena acabada en un gancho de tres puntas curvadas.
Ur ayudó a colocarse los arneses a los chicos, Ven ya había saltado antes de que Ur le pudiera decir nada.

- Esperemos a que pase un rato, los demás cazadores saltarán y así os puedo explicar más cómodamente como hacer ¿Si? - Explicó Ur.

Los acompañantes del grupo asintieron y esperaron de pie mirando como poco a poco todos los cazadores se marchaban a través de la puerta que daba ala cola del Gunghjar.

- Bien, escuchadme atentamente, muy atentamente ¿De acuerdo? Lo primero es ponerse el arnés, que te apriete la cintura con mucha fuerza sino te aprieta con mucha fuerza puede o soltarse o funcionar como una horca y ser fatal, apretáoslo, ¿lo tenéis? vale, ahora, debéis coger el gancho con la mano derecha y el resto de la cuerda con la mano derecha, muy bien, ahora venid conmigo - Explicaba Ur paso a paso.

Ur y sus seis acompañantes le siguieron y atravesaron el tapiz que daba a la cola del animal, desde allí la vista era muy impactante. Se veían pasar los grandes cuernos de hueso de la ciudad de Men-Shomn a una velocidad estremecedora. La mayoría de los cuernos eran más altos que incluso la altura de vuelo del Gunghjar.

- ¿Veis los cuernos? Debéis lanzar vuestro gancho en su dirección. Si lo hacéis bien, el gancho se aferrará al hueso y os dará un tirón. Después debéis dejaros que la cadena os enrosque alrededor del cuerno para parar suavemente, después soltáis el cinturón porque quedaréis a unos escasos metros del suelo ¿si?
- ¡El suelo es de roca! – avisó Saraf mirando el pavimento de la ciudad.
- Si, pero en la base de los cuernos hay montones de arena para parar la caída, solo os magullareis como mucho.
- ¿Y si saltamos mal? - preguntó Hipo.
- No voy a dejar que os salga mal - dijo Ur sonriendo.

El primer valiente fue Damos que esperó a su segunda oportunidad para lanzar el gancho, dio en la diana, y el joven saltó de la cola impulsado por la resistencia de la cadena, el resto del grupo se quedó mirando para ver que pasaba, el joven cazador dio tres vueltas al cuerno para luego chocar con la pared del hueso, en ese instante soltó el cinturón y cayó entre la arena, después fue Saraf y Irune

- Ahora tu Mafi - dijo Ur señalando hacia el vacío.
- Si - dijo decidida la joven.

Mafi lanzó el gancho pero por una ráfaga repentina de viento, el gancho no logró clavarse en el hueso, volvió a intentarlo pero tampoco fue bien. Al tercer intento, el gancho se agarró pero la cadena rompió, Ur se indignó con la calidad de los objetos del viaje así que volvió a pedir más, Ur regresó en unos segundos diciendo que no había más que esos.

- ¿Entonces como vamos a hacer? ¿Tengo que quedarme aquí? - preguntó Mafi.
- No, coge mi cinto, ya me las arreglaré yo para saltar.
- ¡No voy a dejarte sin cinto! ¡Prefiero no saltar! - protesto la cazadora.

Después de una discusión, Ur consiguió que Mafi se colocase el cinturón. Esta vez Mafi saltó. Solo quedaban Hipo y Ur y un solo gancho.

- Hipo, vete tu, yo volveré ¿si? - dijo Ur sonriendo.
- De eso nada, si no fuera por ti, yo no estaría aquí, así que no voy sin ti.
- Hipo… - dijo Ur apenado sonriendo por la amabilidad del pequeño.
- Ya sé, saltemos los dos ¿vale? - propuso Hipo.
- El cinturón no lo aguantará… - replicó Ur negando con la cabeza.
- Y tú como lo sabes si no lo intentas, ¿Acaso saltaste en otra ocasión con otro Hipo en otro pájaro “volante” y en otra situación igual para saber que no va a aguantar? - dijo Hipo, contento por la frase que dijo ya que según él parecía de sabio.

Ur sonrió y asintió.

- Vale, saltemos pero antes, te diré una cosa - dijo Ur mirando al pequeño al tiempo que agitaba el gancho en círculos para arrojarlo con más fuerza.
- Dime.
- Es un pájaro volador no “volante” - rió Ur al tiempo que saltaba con su compañero impulsados por la cadena.

La cadena de metal enmohecido  hizo bien su función cuando tenía que empujar al propietario del cinturón al vacío, pero su tarea de aguantarlo hasta que su propietario se soltase no la cumplió con creces.
Ur sonrió cuando el gancho se clavó en el hueso, saltaron y el aire le hundió los oídos. Vieron todo borrosos por unos instantes y después que todo se inclinaba. La visión les proporcionó la información de que se acercaban a la columna de hueso y giraban y volvían a ver los mismo borrones que hace unos segundos, pero entonces Ur escuchó un crujir y pudo ver con dificultas que la cadena empezaba a romperse por uno de sus anillos.
A abrirse poco a poco, entonces apretó a Hipo para tenerlo agarrado cuando cayesen. La cadena rompió y como una honda salieron disparados hacia las calles de la ciudad. El crujir que sintió Ur en todo su cuerpo le aterrorizó por unos instantes hasta que los gritos de un tendero le sacaron del trance…

- ¡¿Pero que habéis hecho?! - gritó el tendero enfurecido – ¡Sinvergüenzas!

Ur comprendió que el crujir no fueron sus huesos precisamente sino las múltiples frutas que reventaron bajo el impacto de Ur y Hipo. Después de levantarse, Ur volvió a sacar aquella bolsita que había sacado en múltiples y diversas ocasiones aquel día donde guardaba los Yigas. Después de darle la mitad de lo que le quedaba al tendero, Ur miró apenado la bolsita, recordándola cuando salió de su casa ya que estaba llena hasta los topes y ahora solo tenía unas decenas de monedas.

- No ha estado mal ¿Y ahora? - preguntó Hipo quitándose el jugo de sandía de sus pantalones.
- A la taberna, allí es donde habíamos quedado, y donde están todos los cazadores.
- Aquí debe de haber mogollón de tabernas – dijo Hipo mirando a su alrededor la gran cantidad de hombres sentados en sillas de diversas casas abiertas al publico bebiendo jarras de cerveza.
- Si, millares, por eso Men-Shomn se divide en sectores más pequeños, nosotros quedamos con los chicos en el sector 4, al Norte de aquí. Es la conocida como la Ciudad Cuatro. Allí solo hay una taberna a diferencia de aquí.
- ¡Bien! - dijo Hipo entusiasmado de comentar su aventura con sus amigos.

Ur y el chico avanzaron despacio por la ciudad, mirando los comercios, las armaduras que se subastaban en plena calle, los múltiples cazadores y cazadoras que caminaban, cada uno con un arma diferente o una ropa diferente, las diferentes razas de caminantes que vendían sus objetos mientras regateaban, también había quien cobraba por crear pócimas que curaban las heridas en poco tiempo.
Los objetos eran variadísimos y de todo tipo y también a todo tipo de precio, Los dos amigos pasaron cerca de un comercio a rebosar de gente entonces Ur se paró e hizo un gesto a Hipo para que se acercase con él.
Los gritos de la masa de cazadores hacia imposible oír nada, el gerente del establecimiento subastaba una pócima que provocaba que los músculos del cuerpo se excitasen durante una hora entera, provocando a su usuario poseer una fuerza sobrehumana durante ese tiempo.

- ¡Venga! El cazador rubio me ha apostado 50.000 Yigas ¿quien me da más? – pujaba el gerente.
- ¡55.000 Yigas! - gritó un cazador.
- ¡Yo la necesito para cazar a un Goggon! 60.000 Yigas - gritó otro.
- ¡63.000!
- Regálamela - dijo otro cazador que estaba justo al lado del gerente.

Todos los de allí se echaron a reír, en un principio el gerente también pero cuando miró a Ur, le extendió la mano, Ur la cogió y se la guardó en la bolsa ante la mirada atónita de los demás pujantes, en breves instantes la puja empezó alrededor de Ur que le preguntaban que precio pedía por ella, Ur hizo un gesto al gerente y este le abrió una puerta para que pasase con Hipo, ya en el interior de la tienda, se calmó un poco el ambiente.

- Cuanto tiempo Ur - dijo el gerente abrazando al cazador.
- Mucho, la ultima vez fue en Alakia ¿si? - dijo Ur.
- Si, cuando me salvaste de ese asaltante, jajaja aún recuerdo como se acercaba a mi ese mal nacido, yo tirado en el suelo sin armas y con una pierna rota y tu viniste y le reventaste la cabeza de cuajo jajaja.

Ur y el tendero rieron juntos.

- ¿Quién es el pequeño? - preguntó el tendero.
- Soy Wero pero me llaman Hipo, y estoy acompañando a Ur - contestó feliz.
- Jajaja muy bien hijo, pues mientras sigas con Ur, dudo que te ocurra nada malo jajaja, encantado Hipo, yo soy Malí y estoy a vuestro humilde servicio, vuestros deseos son ordenes - contestó dando una inclinación.
- Déjate de chorradas, no vengo a pedirte nada del otro mundo.
- Me acabas de pedir una pócima que podría tener un precio de casi 70.000 Yigas, eso querido amigo, se puede considerar de otro mundo.

Ur sacó la pócima de la bolsa y se la lanzó a Malí que la cogió al vuelo.

- Te diría que te la quedases pero me lamentaría eternamente si dijeras que si, compréndelo - dijo Malí.
- Tranquilo, es tuya, tú la ganaste. Tú haces lo que quieras, además no quiero que me vendas drogas para los músculos ni nada de eso, quiero cosas normales por dinero.
- Has usado la palabra que más me gusta jejeje - sonrió Malí.
- Atento, te pagaré la mitad de todo y la otra mitad… lo pago con la vida que te salve en Alakia ¿entendido?
- jejeje dudo que mi vida valga tanto - intentó regatear Malí.
- No me tientes Malí.
- De acuerdo, mitad y mitad vale ¿qué necesitas?
- Necesito; pócimas para heridas, vendas, trampas, raciones de viaje, hierbas curativas, flechas, antídotos para veneno, dos botes de suero, cinco antorchas y siete cajas de suministros de tamaño mediano ¡ah! y mapas de las regiones; Alakia, Jungla de Agua, Desierto de Ruth, Volcán negro y la Isla Cambiante ¿lo tienes todo? - preguntó Ur mientras miraba como Malí rebuscaba en la tienda.

En pocos minutos Malí apreció con todos los objetos y entre los tres metieron ordenadamente los objetos en las siete cajas de suministros.

- ¿Algo más? - preguntó Malí.
- Si, llévalo a la Ciudad 4 a la taberna a nombre de Ur Fitforgh.
- Muy bien, en total son unos 140.000 Yigas.
- ¡¿Qué?! ¡¿Tanto?! ¡Antes no era tan caro!
- Los tiempos cambian amigo mío - dijo Malí sonriendo.
- Por lo menos descuéntame el favor que te hice ¿no?
- Ya lo hice.

Ur apretó los puños ya que sabía perfectamente que no le había descontado nada. Más bien dudaba que le hubiera aumentado más el precio.

- Así es como me pagas que te hubiera salvado la vida, ahora me doy cuenta de que jamás debí haber hecho eso.
- Pero ya lo hiciste ¿Que vas a hacer ahora? Te conozco Ur y no matarías ni a una mosca, eres incapaz JAJAJA - rió Malí.

Ur sonrió y le dijo.

- Es cierto, no soy capaz de matarte con mi propias fuerzas, toma tu dinero Malí - dijo Ur dándole la bolsita del dinero - es todo lo que tengo.
- Lo contare por si falta algo – dijo Malí sonriendo mientras hacía un gesto a uno de sus criados.

El esclavo humano agarró todo lo del pedido y salió de la tienda por una puerta trasera.

- Dudo que falte nada pero solo quiero saber una cosa más ¿Nuestro pedido está en camino? – preguntó Ur mirando salir al esclavo.
- Si, está en camino - dijo Malí contando las monedas.
- Perfecto.

Ur puso su mano en el hombro de Hipo y juntos salieron de la tienda.
En la calle rodearon la tienda y fueron por la parte de atrás donde había una pequeño saliente del piso superior apoyado por una viga grande. No había nadie en aquel patio trasero.
El cazador se acercó a la viga, dejando atrás  Hipo, abrió las piernas y las incrustó en el suelo, giró su cadera hacia la derecha y pasó el brazo derecho por detrás del hombro, agarró la empuñadura de su arma e inclinó su cuerpo hacia la derecha, sacó su espada y sin detenerla, la movió con solo la mano derecha haciendo una parábola y rompiendo la viga.
Ágilmente Ur dio un salto atrás mirando como la mitad de la tienda y vivienda de su querido “amigo” se venía abajo. Primero el lado donde estaba Ur y después la parte de la viviendo donde estaba el mostrador de la tienda.
Con un gran estruendo seco todo quedó en escombros. Los cazadores de las cercanías salieron corriendo para que no les ocurriera nada, Ur volvió junto a Hipo.

- ¿Ese hombre es malo? - preguntó Hipo.
- No, ya no… tanto quería su dinero, pues ahora que duerma entre todas sus valiosas cosas, seguro que será muy feliz - dijo Ur apretando los dientes.
- Mmm…

Los dos amigos siguieron avanzando, poco a poco dejaron de escuchar los ruidos que hacia la gente acumulada junto al desplome.
Ur observó como poco a poco las extensas calles iban reduciendo considerablemente su tamaño hasta quedar reducidas a la mitad de las calles principales. Las tiendas sufrían lo mismo que los caminos y la cantidad de cazadores y caminantes menguaba poco a poco.
De grandes comercios a pequeñas tiendas de un solo propietario. De enormes edificios de subastas a pequeñas casas y algún que otro hostal.
La pareja observaba cómo cambiaba el terreno hasta un cruce de caminos donde un pequeño poste indicaba la dirección de las variadas calzadas. A los pies de este se hallaba una tela roja que envolvía un bulto de extraño tamaño. Se acercaron.

- Gusta chera gojko murfagas ed unhas ¿Iha? - preguntó Ur.
- Sed gustachera gixfar tustara - respondió la tela mientras se levantaba enseñando a la pareja que era un extranjero de las zonas boscosas.

El individuo se enderezó y echo su capa hacia atrás. Su piel era de un tono verdoso, y sus músculos sobresalían por encima de la piel y que deformaban la cara. Haciendo que los humanos los llamasen feos o amorfos. El ser, de una altura descomunal, extendió la mano a Ur que se la estrechó gustoso y después a Hipo que se negó a tocarla.

- ¡Hipo, más respecto! – exigió Ur.
- No voy a tocar esa mano ¡Es verde!
- ¡Hipo! – se quejó el cazador.
- ¡Que no! ¡Qué asco!

Por suerte el extranjero se lo tomó a broma y no insistió más.

- ¿Gutachera kio caman? - preguntó el extranjero en su idioma natal.
- La cuarta ciudad, si es tan amable - contestó Ur.
- Jika - dijo el extranjero señalando hacia uno de los caminos.
- Es por allí a la cuarta ciudad - dijo Ur a Hipo.

Hipo y Ur se alejaron sin decir una palabra más. Mientras avanzaban, Hipo iba de espaldas para observar como el coloso de la piel verde se inclinaba y se rebujaba en su capa para quedar tan encogido que solo llegaba a la altura de la cintura del joven. Mientras seguían avanzando, la duda llamó a Hipo.

- Pero Ur si ya estaba el cartel ¿Por qué preguntaste?
- ¿Por que tengo que leer si puedo conseguirlo hablando? Recuerda siempre que la palabra es más fuerte que el acero y que el fuego, siempre… - se explicó Ur.
- Lo tendré en cuenta – dijo casi en un susurro Hipo.

Ur se paró en seco y levantó la vista.

Erfukio IIII Yukarta ed Ujna

Un enorme cartel se levantaba encima de un edificio con forma de cúpula, Ur al igual que Hipo notaron un agradable olor a comida recién cocinada; carne asada en su punto, pescado y otros platos que alimentaban de solo olisquearlos.
El cazador y su joven amigo entraron por la puerta principal que tenía grandes dimensiones. Pasaron un pequeño pasillo y llegaron a una amplísima sala donde había una cantidad abrumadora de cazadores casi unos 50. La mayoría de ellos estaban en las mesas comiendo o bebiendo, otros haciendo pulsos y juegos y el resto andando o buscando misiones.
Ur clavó su mirada en una mesa lejana donde se reunía la mayor cantidad de gente y se acercaron allí, Hipo iba de la mano del experimentado cazador. Quería siempre parecer un hombre fuerte y valiente pero en este caso sin conocer a nadie en un lugar tan grande y con tanta gente tan siniestra prefirió la tranquilizadora mano del cazador, al fin y al cabo, todavía tenía nada más que diez otoños.
Entre el bullicio, Ur intentó oír la conversación.

- …
- Pero entonces ¿Es cierto que segaste con tu arma la cabeza de un Goggon tu solo? - preguntó un cazador de la mesa.
- Tan cierto como que me llaman El Titán – contestó un gran hombre en el centro del bullicio.
- ¿Tú nunca has usado otra arma? ¿Cómo conseguiste esa? – le preguntó otro hombre.
- Eso es un secreto querido amigo - contestó Thar con su imponente Voz
- Pero oí por ahí que antes nunca ibas solo a las misiones - dijo un cazador anciano.
- ¿Qué? ¿Cómo sabes tú…? - preguntó el gigantesco hombre empujando a un hombre que había a su lado para ver de dónde venía esa voz.

El pobre hombre que recibió el golpe salió despedido contra la espalda de un cazador lejano, mientras Thar y Ur se quedaban mirándose. Thar y el cazador se dieron un abrazo amistoso, recordando los gloriosos años atrás.

- Hipo, te presento a uno de mis compañeros de batalla, Thar – lo presentó el cazador.
- Jajaja Hola pequeño - dijo el hombre revolviéndole el cabello al joven.
- Ho-ho-hola-la - Hipo no cabía en sí de felicidad.

Mientras el joven cazador se recreaba en su suerte de haber conocido a un famosísimo cazador, Ur y Thar comenzaron a hablar.

- Venga vosotros largo, se acabó la fiesta. Fuera ¡YA! - gritó Thar a todos los que estaban en la mesa.

En unos segundos solo quedaron los dos hombres y el joven en aquella mesa.

- ¡HEY! Traigan cinco de vuestros mejores platos de carne ¡YA! - gritó Thar a uno de los camareros.

En unos instantes trajeron cinco platos de carne enormes, del tamaño del cuerpo de Hipo. Al joven cazador se le abrieron los ojos como platos.

- Ahí tenéis. Uno para cada uno y estos tres para mi - dijo Thar arrastrando uno de los platos para su lado.
- Jajaja tu reputación ha crecido como tu apetito ¿Si? - rió Ur
- Bueno Ur, después de la comida vendrás conmigo ¿No? - dijo Thar empezando a comer.
- ¿Ir? ¿A dónde? - preguntó Ur.
- ¿A dónde sino? A las Arenas, en media hora van a empezar y la pieza clave de hoy es un Goggon ¡¿Y adivinas quien lo a capturado vivo?!
- Estoy seguro de que has sido tu pero…
- ¡Claro que he sido yo! Y tú me ayudaras a matarlo, como en los viejos tiempos. Tu sagrado mandoble con mi iluminada hacha. Sabiduría con juventud. Fuerza con agilidad ¿Qué me dices a eso Ur?
- Lo siento Thar pero he de rechazarlo… yo voy a…
- ¿Rechazarlo? ¿Rechazar una de mis propuestas? - dijo Thar, dejando la comida a un lado.
- Thar, he acompañado a un pequeño grupo, les estoy esperando aquí, voy a hacer alguna misión con ellos.
- Pero Ur ¿Que quieres? Ganar cinco millones de Yigas por matar a un Goggon conmigo o ganar una mísera bolsa por completar una de esas misiones de cobardes por ahí – dijo Thar golpeando con su puño la mesa.

Hipo se quedó mirando a Ur. Y el cazador le miró a él contestando.

- Prefiero acompañar a mi grupo. Sea la misión del Goggon o la misión de cobardes. Eso me da igual pero mi grupo aún no ha llegado y sin ellos yo no hago nada – sentenció el cazador ante la sonrisa del joven.
- Jajaja Ur nunca cambiarás… pero escucha mí propuesta ¿vale? – dijo Thar cogiendo un muslo de pollo.
- Te escucho.
- Me ayudas a ganar al Goggon pero te quedas tú con todo el dinero ¿Vale? Y entonces con ese dinero equipamos a tu grupo ¿Vale? Entonces yo mismo os acompañare a vuestra misión. Venga Ur, en 20 minutos empezará la Arena… ¿Qué me dices compañero?
- Me lo pensaré cuando lleguen todos – dijo Ur cruzándose de brazos.
- Esperemos que lleguen pronto tus amiguitos - dijo Thar entre dientes.

El imponente cazador seguía comiendo. Llevaba una armadura completa de Goggon, que representaba sin duda alguna que su especialidad en la caza era la de matar a ese ser colosal. El casco, de un color dorado, tenía escamas a los lados y en el centro del casco, en el cuello, los músculos del Goggon que eran de los más flexibles hacían una especie de bufanda muy ceñida que protegía el cuello de golpes.
En el cuerpo seis gigantescas placas protegían el costado y espalda del colosal cazador. Después una cantidad elevada de placas de pequeño tamaño caían sujetadas por cadenas del cinturón, creando un tono decorativo y también protector. Las piernas del mismo color que el casco con dos placas a cada lado y también una larga central. El espacio de atrás de la pierna se cubría solo con músculos y los zapatos también formados por placas pequeñas.
La inmensa fortaleza forjada por los cadáveres de Goggones era algo espectacular y tenebroso.
A la espalda el cazador llamado no sin errar, El Titán, llevaba un hacha de doble filo de grandes dimensiones con un mango formado de un material muy resistente. En el lado contrario dos filos enfrentados hacían del hacha algo temible. Tan afilado que podía cortar simétricamente un mísero cabello de pelo humano.
Cuando Ur ya iba por la mitad de su comida al igual que Hipo y que Thar en su segundo plato. Llegó Irune, Saraf y Mafi. Iban juntos y les fue muy fácil encontrar al trío de la mesa ya que nadie se atrevía a molestar a Thar.

- Hola Ur - saludaron los tres al cazador.
- ¿Es este tu grupo? - preguntó Thar.
- ¡Oh! ¡¡No es posible!! ¡Usted es el grande y poderoso Thar, La Novena leyenda y El Titán del hacha! ¡Es usted una de las 10 leyendas! - se entusiasmó Irune mirando con admiración al cazador.
- Jejeje si bueno pero puedes llamarme Thar solamente, no me gusta mucho tanto adjetivo – habló el gigantesco hombre retomando su comilona.

Irune se sentó cerca de Ur y en toda la comida no separó la mirada del musculoso cazador.
Cuando a Thar solo le quedaba un poco de carne de su último plato, llegaron Damos y Ven. Parecía que iban discutiendo.

- ¿Qué pasa? – preguntó Irune mirando a sus recién llegados compañeros.
- Nada ¿Verdad? – dijo Ven mirando a Damos.
- Nada – contestó Damos después de un corto silencio.

Damos no dijo nada y se sentó con los otros. Ven no se sentó.

- ¿Ya estáis todos? - preguntó Thar a Ur que ya había terminado de comer.
- Si – contestó Ur.
- Bien. A ver chavales, escuchad. Ya sé que Ur es el líder de vuestro grupo. Pues voy a hacer una lucha en la Arena y necesito que Ur me ayude.
- ¿Entonces Ur ya no va a estar en nuestro grupo? - preguntó Sharaf.
- No os voy a dejar pero voy a ayudar a Thar en una lucha de la Arena, después volveré con vosotros y mientras, si queréis, podéis ver la lucha - propuso Ur.
- Por mi vale, no me importa esperar un poco más - dijo Mafi.
- Me gustaría mucho ver a Ur luchando - dijo Saraf apoyado por Hipo
- Estoy de acuerdo, sería algo único ver luchar al grandísimo Thar - dijo Irune.
- A mi no me importa - dijo Damos.
- Y tu Ven ¿no te importa? - preguntó Ur a Ven que estaba a una amplia distancia del grupo.
- Yo tengo otras cosas más importantes que hacer, ya nos veremos después de la Arena – dijo el encapuchado alejándose de la mesa.
- ¡¡PERFECTO ENTONCES!! - dijo entusiasmado Thar levantándose.

Thar agarró a Ur por el hombro y lo llevo a una de las Tabernas donde se daban las misiones normales y para apuntarse en los combates de la Arena que debían de ser de un máximo de dos combatientes.

- ¡HEY! Dame el pase de Arena – exigió El Titán al dependiente.
- Ruego que me diga su rango, arma y qué Arena desea utilizar - dijo el encargado sin levantar la cabeza de su libro, dónde apuntaba notas.
- ¡Levanta la cabeza hombre y mírame! ¡SOY THAR! - pronunció dando un golpe sonoro en su placa del pectoral.
- Thar, empiezo a pensar que te lo tienes muy creído - dijo Ur mirando a su irreconocible compañero de batalla, antes humilde.
- Tengo el mayor rango de todos y eso me permite entrar en todas las misiones y en todas las Arenas, mi arma es un hacha y quiero el pase para el Goggon.
- Muy bien, de uno o dos combatientes.
- Dos, claramente – dijo Thar meneando con su potente brazo a su acompañante.
- Pero su compañero no tiene su mismo nivel, según esto el señor Ur tienes solo el 5º rango y para la Arena del nivel del Goggon necesita un mínimo de 7, lo lamento pero no… - les informaba el gerente leyendo una lista de los cazadores inscritos.

Ágilmente, Thar había sacado un billete de los grandes y se lo estaba restregando en la cara al encargado, los ojos de este estaban cerrados en la periferia del billete y a cada movimiento que hacia Thar con el billete, el individuo lo repetía con los ojos…

- Es bonito ¿Eh? Es uno de los grandes, ni más ni menos que 1 millón de Yigas, lo dejare aquí mismo, en tu mesa. Cerca del sello para sellar mi pase. Dejare mi billete junto al pase de mi compañero que va a entrar en la Arena - dijo Thar dejando lentamente el billete.

En unas milésimas de segundo el dependiente de La Arena cogió el billete y selló el pase permitiendo a Ur pasar a la Arena a pesar de ser de un rango no permitido.

- Me voy a meter en un gran lío Thar - dijo Ur.
- ¿Estas conmigo no? - Prepárate y lleva a tus pequeños compañeros a las gradas. Yo tengo que prepararme. Toma, compra lo que te haga falta. Sé que conoces a todos los animales y todos sus puntos débiles. Si tengo que elegir a un compañero siempre voy a elegirte a ti - dijo Thar dándole una bolsa de Yigas.

Ur explicó contra quien tenia que luchar en la Arena y después acompañó rápidamente a su grupo a las gradas, pagó los mejores asientos con parte de la bolsa de Thar y después se fue de las gradas contemplando la vista de La Arena. El edificio era colosal. Era la edificación más grande de Men-Shomn. Edificio que solo se comunica con las diez primeras ciudades de la colosal ciudadela. Por este y no por otro motivo Ur eligió la Ciudad 4 ya que sabía que daba a la Arena, algo que proporciona grandes ingresos y que los precios en tienda disminuyan considerablemente. Cuando se alejó de las gradas fue a ver a una chica que estaba de dependienta en la zona de Traspasos.

- Perdone pero tendría que recibir un paquete a nombre de Ur Fitforgh, ¿Lo tiene? - dijo Ur preocupado, mirando los grandes relojes de cuerda que colgaban del despacho.

En unos minutos, empezaría la Arena.

- Si, aquí tiene todo ¿Le damos algo? – preguntó la chica de la consigna.
- No, era solo para comprobarlo, gracias… pensándolo mejor, déme las antorchas, todas y la trampa – pidió Ur.
- ¿Solo las antorchas y la trampa? – se extrañó la chica.
- Si
- Aquí tiene, muchas gracias por utilizar nuestro servicio, venga otro día- se despidió la joven mientras recibía una propina por parte de Ur.

Ur colocó las ocho antorchas en su cinturón, tenía una pinta ridícula con los ochos palos colgando del cinto pero a el no le afecto mucho y corrió a una tienda cercana.

- Rápido necesito todo lo de esta lista - dijo Ur dándole un papel.

En unos minutos el dependiente llegó con una gran bolsa de objetos y se la entregó a Ur. Este colocó su nuevo equipaje a sus hombros y lo sujetó con los enganches de su armadura.
Luego corrió a la parte trasera de la Arena donde dos guardias le cerraron el paso. Ur le enseñó el pase de Arena y entró sin problemas. La puerta llevaba a unas escaleras que bajaban unos cuantos metros y después se abrían en una amplia sala, en la sala había unas cuatro parejas de cazadores y en una de las puertas de la sala estaba Thar que le hizo un gesto con la mano. Ur corrió a su lado.
Los dos se quedaron mirando la puerta mientras esta se abría lentamente. Era de un tamaño gigantesco, dos veces el tamaño de Thar que debía medir casi dos metros. Un pasillo negro se agrandaba hasta llegar a otra puerta. El cazador y su amigo de batalla caminaron con paso lento. El pasillo empezaba a agrandarse en altura y en anchura. El corredor debía medir solo unos quince metros pero a Ur le parecieron kilómetros.
El cazador jamás había estado en la Arena de un rango tan superior y las instalaciones cambiaban. El temor le nublaba el juicio. Una palmada de Thar le devolvió a la realidad. El famoso cazador le estaba sonriendo había apoyado su brazo en aquel hombro para afianzar a su amigo.

- Ya verás. Por que estuve tres meses intentando capturarlo, este es mucho más grande que los Goggon normales, estate atento - dijo Thar parándose al final del pasillo.

Otra puerta parecida a la primera en apariencia, pero no en tamaño, ya que esta debía medir unos diez metros o incluso más cerraba el corredor.
El portón dejó, nada más abrirse, pasar un rayo de luz cegadora que impactó de lleno en los ojos de Ur. Por un momento el hombre levantó el brazo para taparse la cara pero lo bajó cuando la puerta se abrió dejando pasar una escena glorificante.
Un terreno arenoso blanco como las nubes de una arenilla que reflecta al propio sol les daba la bienvenida. Era una de las mejores Arenas. La única de Men-Shomn de tanto calibre, mejor dicho; La única Gran Arena del mundo conocido y Ur se hallaba allí junto a su mejor amigo y compañero.
Junto a una leyenda. No se lo podía creer; estaba dentro de un monumento. Ante las miradas y gritos que producían los millares de personas de las gradas. Cuando fue a situar en los palcos a los chicos la Arena no le parecía tan maravillosa pero desde abajo todo era muy diferente.
Una inmensa elipse bañada en un mar de arena blanca daba un recibimiento a los dos cazadores. Incontables pilares de mármol nacían en los límites de la elipse y apoyaban la muralla que cercaba la Arena y donde nacían las inmensas gradas. Todo ello tapado por inmensas telas de seda de colores vivos que resguardaban del viento las gradas como un magno toldo.

- Vamos, que te puede pillar la puerta cuando cierre, más de uno perdió más de un brazo por quedarse tan pasmado como tu jajaja - dijo Thar.

La puerta permaneció unos escasos minutos abierta de par en par para después comenzar a cerrarse. Ur avanzó con su compañero mientras buscaba con la vista a sus amigos de las gradas, sin éxito.

- Uno… Dos… Tres… Aquí viene - dijo el Titán contando los avisos que se anunciaban con el rugir de varias decenas de cuernos.
- Estoy preparado, como en los viejos tiempos ¿Verdad Thar? - dijo Ur mirando a su compañero.


Los dos cazadores avanzaron a un montículo en el centro del terreno arenoso. Thar levantó el brazo señalando a una puerta, gemela a la que les había permitido llegar a la Arena. Los dos portones permitían la entrada de los cazadores y los cazados, Ur rezaba para que ellos no fueran los ultimos…

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