lunes, 5 de enero de 2015

Prólogo


Libro de los Orígenes.
2696 años antes del Primer Cataclismo.
C

uando los Dioses eran jóvenes y caprichosos y la nada lo dominaba todo, el Todopoderoso dios de dioses; Musart fue traicionado por su hijo Hugbald.
Musart sentenció que, para la infinidad del tiempo, Hugbald sería indigno de ser llamado hijo suyo. Y este, en venganza, robó el Cáliz de la Esencia y bebió de él. El nuevo hijo de dios obtuvo poderes inimaginables y encerró a todos los dioses en el Núcleo del Cosmos, sin excepción, incluso a su padre.

Entonces cuando la soledad del vacío le envolvió, en el primer día de la instauración, creó la luz.
Una entidad de aura amarilla y a la vez roja, verde y al mismo tiempo azul. Poseía todos los colores… y, la vida.
El Dios la expandió hasta llegar al tamaño de la palma de su mano; del tamaño del universo.

El tiempo del dios pasaba, mientras este observaba a su maravillosa creación.

En su segundo día creó entes con sentimientos, a su misma imagen. Creó de la misma forma que con la esfera de luz, siluetas con su mismísima esencia, pequeñas efigies del Dios Indigno, exactas en todos los sentidos, hasta en poder.
Siete sombras del Dios Bastardo. Siete semidioses. Siete reencarnaciones del poder y del odio, del Gran Creador.

- Ahora decidme hijos míos, que os parece mi arte, decidme cómo de magnifica es - Inquirió Hugbald a sus siluetas, señalando a la Primera Creación.

La primera silueta se acercó, observó la esfera y habló.
- No tiene poder, no siente, no es un ser… Nada la diferencia del vacío. No es como nosotros, es… imperfecta.

La segunda silueta se acercó y profirió.
- No tiene fuerza… ni poder alguno. Es algo inútil.

La tercera silueta se acercó, tocó la esfera y dijo.
- No es más que materia inerte. No piensa como nosotros. No entiendo el motivo de su existencia.

La cuarta silueta ni se acercó.
- ¿Qué razón de ser tiene esto? Jamás podrá superarnos ni ser más que nosotros. Su existencia no será útil jamás.

La quinta silueta se acercó, miró a Hugbald y agitó la cabeza, decepcionado.
- Sencillamente es inferior.

La sexta silueta se acercó miró la esfera y dijo.
- Nosotros somos perfectos. No entiendo porque malgastas tu poder en otras creaciones así y tampoco por qué hemos sido creados para coexistir contigo. Si nosotros somos perfectos, ¿Por qué debemos seguir tus órdenes? ¿Por qué debemos acceder a ser un público tuyo? ¿Acaso no valemos lo suficiente para ti?

La séptima y última silueta se acercó miró la esfera y dijo.
- No habla ni siente, no se mueve, no emana ninguna energía, es imperfecta y no tiene forma, pero a pesar de ello, es creación tuya y al igual que nosotros, es hijo tuyo. Y por tanto, mi hermano.

Hugbald sonrió por la frase de la última silueta y miró a las demás.

- Me habéis decepcionado, solo mi última creación ha podido ver lo que yo veo en ella. Sois creaciones mías y por ello no quiero destruiros, pero os castigaré para toda la eternidad.

El Dios Indigno hizo otra vez gala de su poder y creó un suelo negro. Allí petrificó a todas las otras siluetas con la única excepción de la séptima, después de la labor estaba lo suficientemente cansado como para dormirse allí mismo y así lo hizo. Mientras el Dios dormía, la Séptima silueta durmió también pero siempre en un sueño de vigilia, en el fondo despierto por que Hugbald le había dado sentimientos y entre ellos la compasión.

- Si yo estuviera petrificado como mis hermanos; me sublevaría, y querría que me redimiesen - pensó la silueta mirando a sus hermanos petrificados en las últimas posturas del sufrimiento y del dolor.

La silueta miró a su creador y al contemplar como dormía, decidió que cuando despertase hablaría con el.

La silueta estaba ya despierta cuando el Dios se incorporó.

- Creador, he pensado que mis hermanos ya han aprendido que no deben cuestionar tu arte ni tus creaciones ¿por qué no les redimes?
- ¡Jamás! Son demasiado peligrosos. Les di sentimientos y entre ellos les di rencor y además son pequeñas recreaciones de mi poder, es decir, juntas son casi tan fuertes como yo, nunca podría dejarlas libre sino, podría suceder lo peor - contestó el Dios, alterado.
- Pero entonces porqué no exíliarlas de todas tus creaciones, así no podrán ser ninguna amenaza- apuntó la Séptima silueta.
- Temo que liberen a mis hermanos y a los otros dioses… O incluso a mi padre. No, deben permanecer así- concluyó Hugbald levantando las palmas.

Y dicho esto, Hugbald empezó a crear, creó más suelos, grandes y pequeños, algunos se tocaban y otros no, pero todos simplemente flotaban entre la nada.

- Creador, esto es un caos, debería crear algo que pueda mantener un orden - dijo la silueta señalando las tierras flotantes.
- A mi me es imposible seguir, encárgate tú, une todas las tierras, así no estarán desperdigadas.
- Si, mi creador - contestó obediente la silueta.

La silueta utilizó todo su poder para hacer encajar las tierras en una sola, como todas eran desiguales, muchas de ellas encajaban por la fuerza con otras y se colocaban encima de sus vecinas haciendo montículos o incluso montañas y sierras, otras tierras eran finas y al estar entre tierras más grandes se arrugaban por la presión creando depresiones. Cuando hubo terminado, quedaba una sola tierra gigantesca, colosal, negra y marrón. El Dios Indigno seguía descansando cuando la silueta acabó.

- Si quiero ayudar a mis hermanos, debo hacerlo ahora - pensó para si la Séptima silueta

La séptima silueta creó más tierras y las unió creando una bola hueca de un gran tamaño, después, despetrificó la primera y segunda silueta y las escondió dentro de la esfera de tierra. Para que Hugbald no sospechara, colocó la colosal placa de tierras alrededor de la esfera creando así un globo de tierra con el interior hueco con las dos siluetas liberadas. Justo cuando la séptima acabó Hugbald se despertó y miró el trabajo de la séptima.

- Mi creador, he visto que la tierra es negra y oscura, me provoca tristeza - contestó melancólico la séptima.
- Si, es cierto - dijo pensativo Hugbald.

Entonces Hugbald utilizó su poder y creó las piedras, de todos los colores y con ellas los minerales. Todo el Gran Mundo se cubrió de piedras y minerales preciosos de todos los tamaños, ya no se veía la tierra, solo piedras y gemas.

- Creador ¿no es más bello ver una cosa sola que ver una gran maraña de ellas? - pronunció Séptimo
- Si…

Y con esto, Hugbald hundió la gran mayoría de las piedras y gemas, algunas las hundió miles de metros, otras a solo unos centímetros y otras, las menos bellas, en la superficie

- Creador, todo esto es muy hermoso pero a pesar de ello, somos los únicos que podemos contemplarla - dijo apesadumbrado la séptima silueta
- Si, crearé a mis nuevos súbditos pero esta vez me aseguraré de que no puedan sentir ni rencor ni nada que pueda ser una amenaza para mi.

Dicho esto, Hugbald recubrió la mayor parte de la superficie de unos seres que no podían moverse para no dañar al Dios, que no podían hablar; para no criticar al Gran Señor, y que no podían sentir rencor; para poder siempre amar al Creador sobre todas las cosas. Seres marrones en su principio pero que crecían hacia lo alto, hacia las alturas siempre para intentar tocar al Dios, y cuando se creían lo suficientemente altos, le enseñaban al Dios lo que podían dar con millares de hojas apuntaban a lo alto para que Dios cogiese a uno de ellos como su favorito, como al Séptimo. Algunos enseñaban sus hojas tan rápidamente que al ver que Dios no se fijaba en ellos las soltaban y las dejaban caer para volver a enseñarles otras nuevas y más bellas que las anteriores. Otros no les enseñaban las hojas sino sus frutos para que comiese del que más le apeteciera, pero Dios no se interesaba por los seres que el Séptimo nombró como árboles.

- ¿Ahora si que es hermoso no crees? Mira como todos ellos se alzan para tocarme, todos ellos me aman - dijo egoístamente Hugbald.
- Si creador es hermoso, sigamos creando…

Con estás ultimas palabras, Dios y Séptimo crearon más seres y el Séptimo les puso nombre a todos. Después de poblar el planeta de árboles, y de animales, Dios volvió a echarse a descansar, mientras Dios dormía, Séptimo volvió a acercarse a sus hermanos aún petrificados, sacó al Tercero y lo escondió en el árbol más grande de todos, la energía de la silueta hacía brillar y crecer al árbol de un modo muy llamativo, algo que el Séptimo no podía arriesgarse a que el Dios mirase por temor a que encontrase a uno de sus hermanos. Entonces el Séptimo ocultó al árbol dorado con una inmensa arboleda a su alrededor que lo ocultaba de todo, cuando hubo terminado Dios se despertó.

- ¿Mi creador como te ha sentado tu descanso?
- Gratificante - dijo Hugbald mientras se incorporaba.

El Dios miró sus creaciones con satisfacción.

- Mi creador, me he tomado la libertad de acercarme a tu planeta y he sentido mucha tristeza, los seres que hemos creado deben vivir entre penumbras a pesar de nosotros que podemos ver gracias a nuestro poder y a la Esfera.
- Si, tienes razón, encargaré a la esfera que ilumine el planeta.
- Si mi creador pero encárgale que lo ilumine todo por igual.
- Para ello debería crear más Esferas y hacerlas mover por el planeta.
- Con cuatro esferas es suficiente mi creador, mantengámoslas a una distancia siempre igual para que nunca puedan tocarse ni rozarse ya que provocarían un gran caos - sugirió la séptima silueta.

Y así se hicieron dos esferas más, cada una más grande que la anterior, pero ninguna podía compararse a la belleza de la Esfera. Ella podía tener todas las tonalidades, todos los colores y toda la energía que quisiera, al contrario que las otras que tenían un color único, una tonalidad única y un poder único y limitado, crear dos esferas dejó a Hugbald exhausto y encomendó al Séptimo la creación de la última esfera. Mientras Dios descansaba, Séptimo se acercó a sus hermanos petrificados, había liberado a tres de los seis hermanos, cuando se disponía a liberar al cuarto, Dios se despertó

- Mi creador ¿ya has despertado? - preguntó nervioso la séptima silueta
- ¿No me ves? Si, me he despertado de un sueño muy hermoso, voy a crear un gran lago de lagrimas, transparentes y cristalinas hermosas como nada antes creado
- ¿Le ayudo mi creador?
- ¿Ya has terminado con la cuarta esfera?
- Aún no mi creador pero deseo ayudarle a crear ese sueño, déjeme ayudarle mi creador y ya haré yo después la última esfera.

Hugbald y el Séptimo crearon una enorme extensión de lágrimas azules y cristalinas, cuando hubo terminado, el Dios bebió de ese líquido recién creado.

- Sabe mal - dijo Hugbald - Lo eliminare todo ahora mismo.
- Mi creador no lo haga, deje estas lagrimas por el planeta y cree más lagrimas que se puedan beber, mientras yo arreglare estas lagrimas nauseabundas.

Y mientras el Dios creaba pequeños lagos de lagrimas exquisitas que fluían entre los valles y depresiones o caían formando lluvias entre las montañas, el Séptimo seguía pensando como arreglar aquellas aguas que ni el Dios ni Séptimo podían beber a gusto.

- Por que eliminar algo que no me gusta a mi ¿si puedo hacer que les guste a otros? - Pensó para si Séptimo.

Entonces el Séptimo creo seres que bebieran de esas lagrimas nauseabundas y que a pesar de no saber bien, Séptimo les obligó a vivir en ella o sino que murieran y les llamó seres del agua. Cuando Dios vio la maravilla que creó Séptimo se alegró muchísimo, aquellas aguas que daba por perdidas eran coronadas por seres que saltaban intentando tocar al Dios, que vivían y hacían sus casas debajo de aquellas aguas, aguas que el Dios daba por perdidas pero que en el fondo son cuna de millares de vidas.

- Muy hermoso Séptimo, pero ahora debo descansar - dijo el Dios cerrando los ojos.
- Si mi creador.

Mientras dormía, Séptimo se acercó a sus hermanos, liberó al Cuarto y lo escondió bajo las lagrimas nauseabundas, en las grutas, donde ni los peces podían llegar, cuando hubo terminado, esperó a que Hugbald despertase.

- Séptimo, he tenido un sueño, he soñado que millares de representaciones mías me alababan en el planeta - recordaba Hugbald.
- Creémoslas entonces - dijo el séptimo.
- Si pero esta vez no les des poder que puedan sentir dolor, amargura, pena, tormento y todo aquello que les haga sentir vulnerable, que vean que no pueden vivir sin mi
- Entonces serán frágiles.
- Eso me es indiferente - dijo Hugbald sencillamente.

Las últimas palabras del creador quedaron selladas en la mente del Séptimo.
Juntos crearon al primer ser con su apariencia, los que el Séptimo nombró como Humanos, el primer humano de cientos que crearon, cuando Esfera hubo dado cuatro vueltas sobre la superficie del planeta, Hugbald y Séptimo habían terminado, crearon varios grupos de humanos, unos cerca de las lagrimas nauseabundas que el Séptimo nombró Océano, otros cerca de los bosques, otros en las praderas, otros en las montañas y así hasta llenar el planeta de seres Humanos.

- Séptimo.
- ¿Si? - preguntó la silueta mirando a Hugbald.
- Tantos seres alabándome me hace sentir demasiado mal.
- Lo comprendo mi creador.
- Haz que no puedan alabarme siempre, que haya momento en que no puedan verme.
- Si.

Entonces el Séptimo creó la materia que él llamo nubes, materia blanca que tenía como cometido tapar las vistas de los seres e incluso con el poder de castigarlos con agua si se atrevían a contradecirlas.
Dios estaba descansando cuando el Séptimo liberó a otro de sus hermanos y lo escondió en las nubes, al Quinto. Luego Hugbald se despertó.

El tiempo pasó y Dios no creó nada más. Séptimo se levantaba y lo primero que hacía era ir a visitar a sus hermanos cuando Hugbald no veía, después de un tiempo, Dios tuvo un gran discusión con Séptimo.

- ¡Te dije claramente que tu te encargarías de la cuarta esfera!
- Lo lamento mi creador… - se lamentaba Séptimo.
- Lamentarlo no servirá de nada, mira lo que ha hecho tu insensatez - Dijo Hugbald señalando las tierras donde ninguna esfera daba su luz, donde la cuarta esfera tendría que iluminarlo todo - profirió el Dios.
- Está todo muerto - dijo el Séptimo apenado.
- ¡SI! Es tu culpa, tu los has matado, mi arte, mis creaciones… ¡arréglalo!
- Si mi creador - dijo entristecido el Séptimo.

El Séptimo esperó a que Hugbald estuviera dormido para crear la esfera, después liberó al Sexto y cuando lo iba a ocultar el Sexto se volvió

- ¿Por que haces esto?
- Por que eres como yo y yo no soportaría estar petrificado y encerrado - contestó sonriendo Séptimo.
- No, yo no soy como tu, tu eres el favorito de Hugbald, no eres como yo ni como el Cuarto ni como Primero, ni ninguno de las siluetas que tu llamas ¨ hermanos  yo conozco el rencor y el dolor, tu no.
- Pues lo volverás a conocer en su grado extremo si no haces lo que te pido, yo creare una esfera y tú debes esconderte en ella, no estarás petrificado y podrás sentir y pensar y hacer lo que quieras.
- Me niego a ser un súbdito de tus planes solo por querer ayudarme.
- No tienes otra posibilidad sino quieres quedar petrificado para toda la eternidad - contestó Séptimo nervioso.
- De acuerdo pero no serás tu quien cree la esfera.
- ¿Qué quieres decir? - preguntó perplejo Séptimo.
- La crearé yo - dijo sonriendo Sexto.

Y dicho esto, el Sexto creó una esfera, una esfera más grande que las demás, negra, oscura por dentro y tenebrosa, que al contrario de irradiar calor como las otras esferas, esta daba frío, un frío penetrante, un frío letal, cuando hubo terminado la esfera, Sexto se introdujo dentro y entonces si que la esfera irradió belleza, pero no era una belleza dorada como las otras esferas, era una belleza sombría, segundos después de que Sexto crease la esfera, Hugbald se despertó ante la mirada atónita de Séptimo.

- ¡Como osas hacerme esto! ¡Te di una oportunidad! - gritó enfurecido el Dios.
- Yo no fui creador.
- Nadie más tiene el poder de crear aparte de ti y de mí.
- Fue Se… - se cayó Séptimo, sabia que el castigo de haber liberado a sus hermanos podía haber sido peor incluso de crear aquella esfera.
- ¿Qué dices? - quiso saber Hugbald.
- No sé como pude crear eso.
- Entonces fuiste tú… - dijo pasmado Hugbald.
- Si… - contestó nervioso y preocupado Séptimo.
- Bien, Tu creaste este mundo conmigo y tu osas mancharlo con esa… esa aberración, pues ahora, vivirás en mi mundo te exilio para siempre y te quito todo tu poder, ahora serás un habitante más y vivirás bajo la sombra de esta esfera, de tu creación y a su merced.

Dicho esto, Hugbald encerró todo el poder del Séptimo en un cuerpo al que le dio carne y músculos; órganos y huesos; y el sentimiento del dolor. Después lo desterró de su lado y le obligó a vivir en la Tierra Muerta donde nada puede crecer o nacer.
Bajo la órbita del Sol Negro, debía vagar sin ningún rumbo. Sabiendo que no podía morir pero tampoco vivir, vagó, escuchando la constante risa del Sexto.
Con el pensamiento de que fue un necio…


De que dio oportunidades sin pensar en las consecuencias…